Nadie vestirá nunca más la camiseta con el número 31 de los Pacers de Indiana. Desde la pasada madrugada, descansa en el techo del Conseco Fieldhouse de Indianápolis. Ese dorsal pertenece a Reggie Miller, que recibió el merecido homenaje a 18 años de carrera profesional, todos ellos en la misma franquicia. Un ejemplo de fidelidad que ya no estila en el cada vez más mercantilizado universo del deporte.
Miller se retiró la pasada temporada, después de un año convulso en la franquicia por aquella pelea de Detroit. Relegado en principio a un rol de especialista, se convirtió en el líder que llevó a su equipo a la postemporada y, una vez allí, a las semifinales de la Conferencia Este, donde los Pacers perdieron ante los Pistons (4-2). El último de los muchos episodios de una historia difícilmente repetible.
"Nunca me pude imaginar que algún día iba a tener el privilegio de elevar mi número al techo del campo. Además, este tipo de acto siempre se da después de un tiempo, pero los Pacers volvieron a demostrar la clase cuando apenas no se ha cumplido un año de mi retirada", decía un emocionado Miller en el descanso del partido que enfrentó a Indiana con Phoenix (104-114 para los Suns). Quizá rememoraba aquel draft de 1987, cuando los hinchas de los Pacers abuchearon su elección. Donnie Walsh, director ejecutivo, eludió a Steve Alford, estrella universitaria del propio estado de Indiana y base de aquella selección estadounidense que ganó el oro a España en los Juegos de Los Angeles. Alford tendría una muy mediocre carrera en la NBA, mientras el entonces denostado Miller, con un físico en apariencia enclenque pero muy fibroso, se convertiría en una leyenda.
Ningún anillo reluce en el joyero de Miller, pero su dimensión como jugador es superior. Quizá fue el hombre que más cerca estuvo de desquiciar a Michael Jordan. Los Pacers forzaron un séptimo partido agónico en una Final de Conferencia ante los imbatibles Bulls, en el periodo de dictadura de Chicago. Y una vez llegaron los Pacers a la final de la NBA, esta vez en el trienio mágico de los Lakers de Jackson, O'Neal y Kobe.
En aquella final (año 2000) estaba Zan Tabak, compañero en los Pacers de Miller. El ex jugador de Jugoplastika, Real Madrid o Unicaja, entre otros muchos equipos, explica su recuerdo del gran Reggie. "Nunca he visto a un profesional ni siquiera parecido, y puedo decir que he jugado con muchísimos jugadores en mi carrera. Antes de cada partido, fuera de temporada regular o de play off, llegaba al pabellón dos horas antes que el resto del equipo. Cuando nosotros aparecíamos, él ya había hecho una sesión de tiro de una hora y estaba sudando. Le pagaba unos dólares a unos chavales para que le pasaran los balones. Despúes, se ponía una toalla y unos cascos y en el vestuario no dejaba de mirar vídeos de los rivales a los que se debía enfrentar esa noche", relata con pasión el antiguo jugador croata, que ahora ejerce como ojeador de los New York Knicks en Europa: "Era increíble. Destacaría su capacidad para estar en los partidos siempre, para aparecer cuando hacía falta, con un tiro imposible".
Miller es el hombre que más triples ha anotado en la historia de la NBA (2.650), ocupa el duodécimo lugar en la lista de anotadores de todos los tiempos en la liga (25.279), fue cinco veces All Star y otras tantas mejor lanzador de tiros libres.
Una leyenda.